Sunday, 3 August 2008

Le samedi

Con la calor y la tarde soleada, se prepara la celebración en ofrenda a Dionisios de ricos manjares en la ladera del sol. Con el fuego y las artes culinarias se buscan métodos de disfrutar la existencia a través del placer de la degustación, que el paladar acoge con sano gesto, podría decirse que al final la compañía se funde en un ritual que de vital ha pasado a vicioso y con el que enriquecemos nuestra siempre insaciable psique.

De repente surge la sorpresa, el animal se mezcla entre animales e intenta demostrar su raza, pero es el hombre quien razona y juzga, quien domina en la larga estepa y por ello enseguida sentencia.Todo fluye después sin complicaciones comenzando el mayor de los insultos, donde el hombre destruye su más preciado fruto de la evolución, con zumos fermentados de dudosa clase, que provocan enajenación, provocación y excitante resultado en una exhultante consecución de actos sin sentido de palabras necias, de crisis de lo elemental, de escena perturbadora.

Pero es el tiempo que tocó vivir, el desprecio a las normas, el sentirse más animal que máquina, el ser libre por lo menos durante un instante, sentirse otro y no cohibirse, para entonces poder jugar con Baco entre Dioses y Diosas, con el anhelo de lo perfecto, de lo soñado, pero entonces con el amanecer del siguiente giro es cuando el cuerpo se queja, el lado animal castiga, la naturaleza si a bién crítica aquello que no comprende, el cómo el ser racional se destruye, el cómo herir una máquina perfecta regalada pidiendo sólo vida, que ni siquiera somos capaces de respetar.

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